

OBISPO: HOMILÍA CORPUS CHRISTI…
(Monseñor Hugo Barbaro, Obispo diocesano. 07 de junio 2026)
Celebramos hoy con gran solemnidad lo más importante que tenemos en esta tierra: a Jesús realmente presente en la Eucaristía, hecho alimento para sostener nuestro camino por este mundo con los ojos puestos en la eternidad junto a Dios.
La primera Lectura nos invita a recordar lo que hace Dios por nosotros con palabras de Moisés al pueblo judío. Les recordó cómo Dios los había sacado de Egipto, cómo los acompañó por el desierto, les dio a beber agua brotada de una roca y cuando sentían hambre hizo caer del cielo el Maná.
Tendemos a vivir en lo inmediato; no nos olvidemos de quién es el Señor, de su presencia tan impresionante, escuchemos de nuevo sus palabras: Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Jesús lo repitió varias veces, con claridad: Les aseguro que si no comen la carne del hijo del hombre y no beben su sangre no tendrán vida en ustedes, y nosotros queremos esa vida de Dios. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Queremos permanecer en Él, y que Él permanezca en nosotros.
Fácilmente nos olvidamos de todo esto, o al menos se apaga un poco. Podemos decirle a Jesús Eucaristía, pedírselo con fe, que queremos de verdad que sea nuestro referente, el alimento que nos sacia en todo momento. Que no permita que lo tengamos como olvidado, como sucedía al pueblo judío en el desierto, y empecemos a confiar en los ídolos que nos ofrece el mundo, placeres, comodidades, proyectos sin Dios, que no pueden saciar el hambre de amor y de felicidad que tenemos en nuestro corazón.
Tiene mucha fuerza la solemnidad del Corpus Christi. Nos recuerda con fuerza lo que hace el Señor, su presencia entre nosotros; nos invita a no vivir la Eucaristía como algo para el fin de semana, porque Cristo quiere ser nuestra seguridad, nuestro sustento diario.
Hoy dijo el Papa León XIV en Madrid: Jesús eucaristía es una eterna fuente escondida, que no deslumbra, que no se impone con poder externo, que no se presenta de modo espectacular. Queremos volver a Él hoy con amor sincero, abrirnos al encuentro con Él, dejarlo que avive la sequedad de nuestro corazón para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría.
Pidamos al Señor que nos encienda en el amor Eucarístico, en el amor a la Santa Misa, con ilusión de prepararnos siempre bien, de recibirlo con mucho amor, con la seguridad de que necesitamos que ese alimento nos sostenga para que no nos desviemos del camino de Dios, de la felicidad, del bien. Que el Sagrario sea como un fuerte imán que nos atrae, ¡qué bien estamos con vos Jesús Eucaristía!
Queremos llenarnos de Jesús, de esta fuente de vida, y que no se encierre en una devoción privada, sino que nos empuje a salir a los caminos para que mucha gente se llene de ese alimento, de esa corriente de amor. La Eucaristía nos transforma, y esa transformación nos convierte en protagonistas de un mundo con Dios en todos los ámbitos; en las familias, entre los que sufren, o caminan sin alegría, sin esperanza. La sola presencia de al-guien que tiene como centro la Eucaristía ya es un foco que da luz a su alrededor.
Todo nos parece poco ante el amor que expresa su presencia entre nosotros, está vivo, sigue pasando entre nosotros, quiere visitar todos los rincones de nuestro corazón, todos los sitios. La procesión nos dice que él no permanece encerrado en el templo, sino que sale al encuentro de todos. Jesús camina por las calles, atraviesa la plaza, visita nuestros barrios, es un Dios cercano que camina con su pueblo y habita donde nosotros estamos; es consuelo, es luz y esperanza para las familias, para los enfermos, para los que sufren. El Cristo que pasa por las calles llevado en la custodia, es el mismo que caminaba por las calles de Israel identificándose con los más pobres, con los enfermos, con los que sufren o experimentan soledad.
Esta Misa tiene como un sabor especial, renueva nuestra fe, nuestro amor a Cristo presente de un modo tan sublime entre nosotros. Que así sea.
