ORDENACIÓN DIACONAL
Diáconos: Francisco Cáceres y Agustín Chaicovsky



Diáconos Francisco Cáceres y Agustín Chaicovsky
Ocasiones como la de esta ordenación nos ayudan a darnos cuenta lo presente y lo cercano que está Dios de todos nosotros, de todo el mundo. No es un ser lejano, está activísimo, queriendo llenar de vida a la Iglesia. La quiere más activa, llegando a mucho más, con el ritmo de Cristo que no paraba recorriendo ciudades y pueblos. Dios nos involucra a todos en la inmensa tarea, nos pone ritmo, y llama al corazón de quienes elige como instrumentos para que, dejando todas las cosas, se pongan al servicio de los demás.
La Lectura de los Hechos de los Apóstoles recoge el llamado dirigido a siete hombres santos, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, se trata de los primeros diáconos de la Iglesia. Fueron elegidos para el servicio, descargando así a los Apóstoles de ciertas tareas. ¿Cuál fue el resultado?: la Iglesia de Dios se extendía cada vez más, y el número de los discípulos aumentaba considerablemente en Jesucristo. Aquellos diáconos, con su entrega generosa, facilitaron la acción de Dios y creció un montón el número de los fieles.
Dios es Padre, y como todo buen padre mira con ilusión el futuro de los hijos, espera mucho de todos, de Uds. queridos ordenandos. Contamos con su ayuda y como lo puede todo le pediremos en la oración que leeré: atiende propicio a estos tus siervos. ¿Qué significa atender propicio, qué le estaremos pidiendo? Que prestes especial atención Señor a estos hijos, que escuches nuestras oraciones por ellos y te vuelques con ellos. Que sirvan a los pobres, que son muchas las necesidades materiales y los sufrimientos, la necesidad de tanta gente de tocar la cercanía de Cristo; y son una enormidad los pobres espirituales que ni te conocen o te ignoran, Señor.
Ordenación diaconal Francisco Cáceres y Agustín Chaicovski
Catedral San Roque
La Liturgia nos propone para la ordenación de diáconos el pasaje del libro de los Números que recién escuchamos. Moisés, por mandato de Dios, puso a unos hombres en servicio de la Carpa; ¿qué significa esto? Que fueron elegidos para ocuparse de esa Carpa importantísima: era el lugar donde Dios se manifestaba, y elegidos para servir de modo exclusivo al pueblo judío.
Queridos Francisco y Agustín, percibieron hace ya unos años la llamada a servir en las cosas que se refieren Dios. Siguiendo esa invitación, dejaron de lado planes y proyectos. Comenzaron a prepararse con oración, con estudio y sacrificio, y ahora recibirán el diaconado en orden al presbiterado. Están muy contentos, lo mismo sus padres, sus familiares y amigos, y todos estamos felices, y también muy agradecidos por el don de la vocación que han recibido. Deben a sus padres buena parte de la vocación, ellos han rezado y han ayudado a poner las bases humanas y sobrenaturales para que Dios pudiera llamarlos.
Pediremos en un momento a Dios que los llene con los dones del Espíritu Santo. ¡Qué ejemplo el de los primeros diáconos en la Iglesia! Se advertía en ellos la acción del Espíritu Santo; destacaban por su caridad, por su identificación con Cristo, por su entrega misionera. El diácono Esteban habló lleno de sabiduría de fortaleza de Cristo resucitado, rezaba por los que lo mataban a pedradas. El diácono Felipe con su gran fuerza misionera, iba de un lado a otro hablando de Cristo, donde el Espíritu Santo lo llevaba; se convertían muchos, los bautizaba.
El diaconado no es un tiempo de simple espera para el sacerdocio, el diaconado no se pierde después. Es un tiempo de gracias especialísimas de Dios, ahora como ministros de la Iglesia. ¿Qué busca Dios en esta e tapa? Que dejen que el Espíritu Santo les modele el corazón, los pensamientos, los afectos, la vida entera. ¿En qué? En las actitudes básicas del Buen Pastor, Cristo, que no ha venido a ser servido sino a servir y dar mi vida en redención por muchos (Mt 20, 28).
El Papa León invitó a los sacerdotes a considerar que la llamada al sacerdocio no es algo de un momento porque el Señor reaviva continuamente en nosotros su don: la santa vocación al sacerdocio. (León XIV, a los sacerdotes el 27-VI-2025).
Reavivar algo significa darle vida, ponerlo activo, no dejarlo inactivo o detenido. La vocación al sacerdocio no puede estar nunca inactiva, detenida, muerta. Se reaviva continuamente, hasta cuando uno duerme, porque rezamos las Completas y nos dormimos para recuperar fuerzas y así poder servir mejor al día siguiente, no tiene otro sentido nuestra vida. Servimos rezando por los demás, sonriendo, escuchando, animando, descubriendo necesidades, tratando a todos con cariño y paciencia, aunque estemos cansados.
Se reactiva el don imitando a Cristo en el servicio, en su entrega: Jesús recorría ciudades y pueblos, enseñando, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando enfermedades y dolencias.
El Papa Francisco en un discurso señaló el espíritu de servicio como base del ser sacerdote, diciendo que cada mañana es bueno rezar pidiendo saber servir: Señor, hoy, ayúdame a servir. Y cada noche, dando gracias y haciendo el examen de conciencia, decir: Señor, perdóname cuando he pensado más en mí que en darme al servicio de los demás.
Servir quiere decir estar disponible, renunciar a vivir según la propia agenda, estar preparados para las sorpresas de Dios que se manifiestan a través de las personas, de los imprevistos, de los cambios de programa, de las situaciones que no entran en los propios esquemas o no se ajustan a lo programado. Es lógico tener orden y horarios, pero Dios habla a través de las necesidades de nuestros hermanos, de las de la gente.
Al ver a la multitud el Señor tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Le dolió ver a tanta gente desamparada, sin guía espiritual, sin nadie que los cuidara, protegiera y alimentara espiritualmente.
Hay mucho que hacer, por eso Jesús añadió: la cosecha es abundante, los trabajadores son pocos. Rueguen el dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
Le pedimos en esta Santa Misa al Señor que sigua suscitando trabajadores, vocaciones; que escuchen el llamado a la alegría de vivir olvidado de sí mismos, a la alegría de servir a Dios y a los demás.
Acá están Uds., Agustín, Francisco, felices de haber sido elegidos y enviados por el Señor para el servicio. Siempre con María, la gran servidora del Señor, es tu Madre Agustín, es tu Madre Francisco, te cuida, te sostiene, te acompaña. Así sea.
