ORDENACIÓN SACERDOTAL

Francisco Cáceres y Agustín Chaicovsky

Diócesis San Roque.

Fancisco y Agustín cantando el "Salve Regina"

Homilía ordenación sacerdotal Agustín Chaicovsky y Francisco Cáceres

– 10-IV-2026

Es un motivo de mucho agradecimiento a Dios cada ordenación de sacerdotes, hoy la de los diáconos Francisco y Agustín. Se suma la alegría de la Semana de Pascua, toda entera para celebrar la Resurrección del Señor.

Vayamos al Evangelio. Estaban reunidos varios de los Apóstoles y otros discípulos de Cristo; de repente Pedro dijo: voy a pescar. La reacción de los otros fue inmediata: vamos también nosotros contigo. Pasaron toda la noche sin pecar nada, estarían desanimados después de ese esfuerzo inútil. Estaba amaneciendo; desde la costa alguien les preguntó: muchachos, tienen algo para comer, la respuesta fue: no. El que estaba en la orilla les dijo: tiren la red a la derecha y van a encontrar. La tiraron y esa red se llenó tanto de peces que no la podían arrastrar. San Juan dijo a Pedro: es el Señor; Pedro se quitó la túnica y se tiró al agua para llegar rápido nadando. Los otros llegaron remando, con la red llena: 153 pescados. Jesús los esperaba con un fuego encendido y un pescado ya asado; sabía que tendían hambre, les pidió algunos más para ponerlos también asar.

Queridos Agustín y Francisco, el Señor los quiere ministros suyos, o sea servidores, haciendo propios sus deseos, sus modo de actuar; les pide que dediquen la vida a difundir su mensaje de salvación, que transmitan la vida de Dios a través de los Sacramentos. El sacerdocio no es un cargo de poder, de dominio, sino una llamada de Dios a una tarea humilde que exige entrega, sacrificio, los ojos puestos en Dios y en los demás.

El Evangelio aporta pautas para el sacerdocio que recibirán. Cuando San Pedro dijo, voy a pescar, los que estaban con él reaccionaron diciendo: vamos también nosotros contigo. Estaban únicos a la cabeza de la Iglesia; habían oído a Jesucristo rogar para que estuvieran unidos como lo están el Padre y el Hijo. Es condición básica de eficacia en la Iglesia: estar unidos al Papa, al Obispo, sembrar unidad en todas partes, vivir unidos.

Llama la atención que los pescadores hicieran caso a un desconocido y echaran la red cuando la experiencia de toda una noche había sido negativa, estaban cansados y con hambre. Reflejan una actitud de obediencia cuyo modelo máximo es Jesucristo, una escucha activa, humilde, y libremente echaron la red. Cultiven esta virtud tan propia del servidor, por la obediencia llegan las luces de Dios quien bendice con la pesa milagrosa.

San Juan, el más joven y de corazón puro, se dio cuenta que el de la orilla era el Señor. El corazón puro facilita esa presencia de Cristo que lleva a que lo que uno piensa, dice y hace esté en total sintonía con Dios. Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios (Mt 5, 8); Jesús nos purifica, llena de felicidad al propio corazón.

San Pedro se tiró al agua para estar pronto con Cristo, ni lo pensó. Parece lógico que un sacerdote busque estar con Jesús, cuide su oración. Me vino a la cabeza lo que le pasó a un sacerdote japonés; iba por la calle y una señora quizás budista le preguntó: ¿Ud. habla con Dios? Sí le dijo él; entonces pídale tal cosa. La pregunta dejó reflexionando al cura. Si se afloja en la oración es fácil caer en el desánimo, desorientarse, dejarse guiar por el entusiasmo, por el gusto. Le pido al Señor que sean realmente almas de oración, que están con el Señor. Esto no sólo es bueno para Uds., es bueno para la Iglesia: sin mi no pueden hacer nada dijo Jesús (Jn 15, 5). ¡Cuánto bien hace a los fieles ver rezar a un sacerdote!

Saben bien queridos Francisco y Agustín que la Santa Misa será el centro y la raíz de su existencia. En cada Misa actuarán en la persona de Cristo, prestando su voz, sus manos, su voluntad a Jesús, siendo puente entre Dios y los hombres. La Misa nunca será algo mas en la agenda, sino que la agenda debe girar en torno a la Misa. Hoy celebrarán por primera vez con el Obispo y los sacerdotes, es un gran regalo que Dios les hace.

Curiosamente el Evangelio menciona el número de pescados recogidos: 153. San Jerónimo investigó esa cifra; unos investigadores señalaron que era la variedad de peces en ese mar de Galilea; paseando una vez por la orilla un pescador le señaló que esa era la variedad de peces. Tiene su significado: con corazón grande, como el de Cristo, tenían que llevar a Dios a todas las personas de todos los sitios, cualquiera fuera su condición. Esa es la tarea de Uds., darse a todos con corazón grande, sin buscar privilegios ni trabajando por el éxito, el privilegio es ser servidores fieles de Jesús, esto nos hace muy felices.

En esa misma playa, después de haber comido y compartido, Jesús preguntó tres veces a San Pedro: ¿me amas más que estos? y el Apóstol contestó, Sí Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Las tres veces Jesús le respondió: Apacienta a mis ovejas. Apacentar significa dar pasto al ganado; con esta comparación Jesús le pedía que se encargara de alimentar espiritualmente a la gente, para que crecieran y se mantuvieran sanos, le confiaba no una posición de poder sino de servicio. ¿Y porqué le preguntó si lo amaba? El amor que tenía a Cristo debía reflejarse en el cuidado de lo que el Señor más valora: las personas, con un cuidado constante y desinteresado.

Agustín, Francisco, se los ve muy contentos; con el corazón le están diciendo al Señor que lo aman, que sienten la alegría de dedicarse con toda el alma a apacentar sus ovejas, a ocuparse de los demás. Rezamos por Uds., para que sean muy santos y muy fieles, son un regalo de Dios para la Iglesia, para la diócesis.

Recemos para que Dios siga moviendo el corazón de muchos jóvenes y experimenten el llamado de Dios al sacerdocio. El Señor habla al corazón, llama, hace notar que nos necesita: vengan detrás de mí, los haré pescadores de hombre (Mt 4, 19). La necesidad de sacerdotes es enorme; mucho pueden y deben hacer los laicos, pero es evidente que la misión propia del sacerdote es irremplazable.

La Virgen es Madre de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Ella está en el camino de la vocación de Uds., y muy contente de que sean ministros de Cristo, sacerdotes. En manos de María ponemos sus vidas. Así sea.

Hugo Barbaro

Obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña

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